Cuando hablamos de las etapas clave en la vida de nuestros compañeros perrunos la impronta es, sin duda, la más sensible de todas ellas. Es la etapa en la que absorben de manera más intensa todo la información del entorno que les rodea, estableciendo unas bases etológicas que acabarán convirtiéndose en los pilares de su desarrollo posterior. 

Es una fase en la que cualquier experiencia puede marcar su comportamiento en la etapa adulta ya que los cachorros son auténticas esponjas capaces de procesar grandes cantidades de información. Aprenden a gestionar, se les enseña las normativas de comunicación y relación intraespecífica y desarrollan conciencia corporal entre otros muchos aspectos.

Además, la compañía de madre y hermanos hace que asienten un carácter equilibrado y seguro, por lo que separarlo antes de concluir esta etapa puede derivar en graves consecuencias en materia de socialización al no disfrutar de los tiempos necesarios para aprender a comunicarse con otros perros de manera adecuada. 

Así que nuestro consejo es que aunque estés loca por llevártelo a tu casa y disfrutar lo antes posible de tu cachorrillo merece la pena esperar a que cumpla su ciclo de impronta para su propio desarrollo como individuo seguro y con recursos.